Hace muchos años que ya no soy una niña pero me sigue emocionando la noche de reyes. Tal vez porque aún recuerdo lo que sentía cuando volvía a casa de la mano de mis padres después de ver la cabalgata. Mirando al cielo, buscaba la estrella de la ilusión que iba a indicar a los reyes magos su camino, que no era otro que mi propia casa, donde dejarían mis regalos, que nunca faltaron, y de paso los de mis hermanas mayores que para entonces ya sabían muy bien que los reyes, ni eran reyes, ni eran sólo hombres, ni eran magos, aunque hicieran magia con el presupuesto familiar en aquellas fechas. Tanto me gusta esta fiesta que esta noche volveré a vestirme de beduina en la cabalgata, esta vez en la de Carmona en el cortejo del Rey Melchor, y disfrutaré con las caras de los niños y de los mayores cuando les dé caramelos o juguetes. Aunque también me fijaré en la tristeza y la frustración de muchos padres y madres en paro que a esas horas ya sabrán que en sus casas no habrá regalos para los suyos. Y es que los reyes magos, aunque se llamen igual, no serán los mismos para todos. Mientras la tasa de paro se situaba en el tercer trimestre de 2009 en el 17,93% para el conjunto de España y el 25,64% para Andalucía, y hay más de un millón de familias en donde todos sus miembros están en paro, los diez españoles más ricos vieron aumentar su patrimonio en un 27% a lo largo de este pasado año de crisis, pero no para ellos. Los Ortega, Koplovitz, Botín o Entrecanales… tuvieron 6.803 millones de euros más en sus participaciones empresariales. Unas ganancias, además, que gran parte quedarán libres de impuestos gracias a su participación en las Sicav que sólo tributan un 1% al fisco.

Frente a ellos se encuentran el 19,6% de los españoles que está por debajo del umbral de pobreza relativa, según los datos de la última encuesta sobre condiciones de vida relativa a 2008, los millones de parados, los que sólo reciben sueldos de unos pocos cientos de euros al mes, la mitad de las familias que apenas llegan a fin de mes y que no podrán hacer grandes dispendios en estas fechas.

Unos lo tienen todo y los otros luchan día a día para hacer frente a las cuentas de cada día con unos pocos euros… si acaso. No podrán soñar como sueñan los ricos ni podrán disfrutar como ellos de las cabalgatas. Para sus niños y niñas habrá un horizonte de ilusiones muy distinto. Y es que desde mediados de la década de los 90 las desigualdades de renta no han parado de crecer en España. Si a eso sumamos la extensión del fraude fiscal y la baja presión fiscal y el tener el gasto social más bajo como porcentaje del PIB de la UE, obtenemos una sociedad desigual, injusta y con amplios colectivos en constante riesgo de exclusión social. Exclusión social que quizá empiece por el miedo que muchos niños y niñas tendrán de ir al colegio pasado mañana para no pasar vergüenza al contar que los reyes en su casa, este año, y a pesar de haberse portado bien, no han dejado nada o muy poco.

Por un día habrá que dar gracias de que los hijos de las familias del Íbex no vayan a los colegios públicos o concertados con los de la mayoría de los españoles, y de esa forma las comparaciones no sean tan desorbitadas como las de la realidad que tan a menudo se quiere disimular.