Suerte o solidaridad
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Publicado el 22 de Diciembre de 2009.

En mi familia nunca ha tocado la Lotería de Navidad, así que ya nos hemos acostumbrados a verla pasar sin demasiada esperanza. Sin embargo, es cierto que siempre nos hemos alegrado cuando el premio ha ido a parar a barriadas obreras o a zonas del país muy necesitadas donde habían sufrido una inundación o incendio. Como casi todo el mundo, nos alegramos, e incluso deseamos, antes de cada 22 de diciembre, que la lotería venga a resolver algunos de los dramas que se hayan conocido meses antes.
Pero, en realidad, la lotería nacional no entiende mucho de estas cosas y no suele ser siempre tan piadosa. Por lo general reparte sin saber si unos barrios o jugadores son pobres y otros muy ricos. El azar es así y, en cualquier caso, lo que suele ocurrir es lo normal, que las zonas que más dinero gastan en lotería sean las más ricas del país, que jueguen más y que, por tanto, reciban premios en mayor cantidad.
La tradición tan española de jugar en compañía o “a medias” a través de las numerosas redes sociales a las que formal o informalmente pertenecemos tiene la ventaja de que muy a menudo los premios resulten, como suelen decir los expertos, “muy repartidos”. Algo, curiosamente, que nunca se sabe si se interpreta como bueno o como malo. Bueno, porque los premios se reparten entre mucha gente, pero malo porque entonces su cuantía es mucho más reducida.
En fin, es de esperar que este año de crisis económica que nos afecta a todos, pero no a todos por igual, el gordo y los grandes premios caigan entre quienes más lo necesitan y así pueda paliar el mayor número de necesidades posibles.
Pero puestos a pedir y a desear, me pregunto si no sería mucho mejor que, en lugar de estar buscando la tan difícil posibilidad de que nos toque el Gordo de Navidad, jugásemos a otro tipo de “lotería” en la que todos podemos ganarlo, la de la solidaridad.
Es una pena que los ciudadanos no seamos conscientes, entre otras cosas por el discurso que realizan la mayoría de los dirigentes políticos, que el mejor premio gordo que podríamos recibir todos es un reparto más justo de la renta y de la riqueza. Para lo cual es imprescindible que los impuestos se apliquen con justicia y en la cuantía debida, algo respecto a lo que en lugar de avanzar vamos retrocediendo en España.
¿Qué pensaríamos hoy día de la Lotería si le hubiera tocado el gordo a alguien que no hubiese pagado su número, a alguien que lo hubiera robado a otro, o que se lo dieran a un preboste que ni siquiera hubiera jugado? Pues algo así sucede cuando casi un 25% de las rentas que se generan en nuestro país no tributan a hacienda, cuando damos premios a ciudadanos o deportistas que se domicilian en otros países para no pagar impuestos aquí, o cuando las entidades financieras colocan los ahorros de sus clientes más ricos en paraísos fiscales para no tributar.
No creo que sea una simple casualidad que España sea el país de la OCDE con mayor gasto per capita en loterías y, al mismo tiempo, uno de los que tiene una presión fiscal más baja y con tendencia a una mayor inequidad desde los tiempos de Aznar. Para disimular eso, nos ponen por delante el azar y unos cuantos premios millonarios pero si fuésemos inteligentes no haríamos caso de esos cantos de sirena y obligaríamos a que nuestros gobiernos hicieran leyes fiscales más justas: eso sí que sería un gordo cuantioso y muy bien repartido.


Artículo publicado en elcorreoweb.es


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