La corrupción... Mal de males
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Publicado el 3 de Noviembre de 2009.

La corrupción es el mal de males de la democracia por la sencilla razón de que desalienta y desencanta a la ciudadanía y hace que ésta comience a desinteresarse de la política, a despreocuparse de la res pública. Y ya se sabe que cuando uno no se ocupa de la política, es la política la que acaba ocupándose de uno, como hemos visto en tantos países que se han acercado lentamente a regímenes dictatoriales. De hecho, algunos de los grandes dictadores que hemos tenido en la historia reciente no llegaron al poder por una guerra o un golpe de estado, sino que lo hicieron a través de las urnas y una vez en el poder, se perpetuaron en él, eso sí, sin que mediase ya ningún resorte democrático.

Por eso que hay que decir un radical y contundente ¡basta ya! a la vista de lo que está ocurriendo en este país. La ciudadanía está harta, todos y todas estamos hartos. Sobre todo, porque ya va siendo muy habitual que oigamos por la calle eso de que da igual quién esté en el poder, que es lo mismo la izquierda que la derecha porque todos van a robar.

Para quiénes creemos en la democracia este discurso es terrorífico. No es verdad que todos sean iguales, lo que ocurre quizá es que hay varas muy distintas de medir la corrupción y que no a todos les resulta igual de repelente todas y cada una de sus formas. Porque tan corrupto es que un concejal se quede con una comisión como poner una gran empresa pública a bajo precio y poniéndola en manos de amigos o compinches de ideología. Como tampoco son iguales los medios que denuncian a todos los corruptos que los que solo se fijan en la corrupción de sus adversarios.

Hace falta abordar este tema con decisión, radicalidad y valentía. Hace falta un cambio de mentalidad y de cultura y leyes que impidan que los casos de corrupción se sucedan uno detrás de otro como las estaciones.

No tengo claro si hacen falta leyes nuevas o no pero lo que está claro es que hace falta que se cumplan. Y ahí surge un problema del que apenas se habla: quién vigila a los vigilantes. Sabemos que una parte importante de los problemas de corrupción están relacionados con la financiación ilegal de los partidos y los juegos de poder que se establecen en esos procesos. Por ello, no creo que la solución a los problemas de corrupción política vengan por un pacto entre los dos principales partidos del país tal y como se está hablando estos días. No es que esté mal que aparquen sus batallas por unos días y que se pongan de acuerdo sobre cuestiones que afectan a la salud de nuestra democracia. Lo que me temo es que eso sea dejar que apaguen el fuego los propios pirómanos.

Me parece que la solución debiera venir por otro lado. Hace falta un tratamiento de este mal que vaya más allá de los intereses de dos grupos políticos que por muy mayoritarios que sean es evidente que solo pueden mantenerse mediante un sistema de financiación bastante irregular y que bordea peligrosamente lo que es aceptable. Haría falta mucha transparencia, mucho criterio independiente, sentido de Estado y mucha autonomía de la voluntad a la hora de establecer nuevas normas, nuevas jurisdicciones y nuevos castigos.


Artículo publicado en elcorreoweb.es


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