Publicado el 1 de Diciembre de 2009.
El pasado domingo, los suizos estaban llamados a las urnas para opinar, en múltiple plebiscito sobre varias consultas. El Partido del Pueblo Suizo (SVP-UDC) elevó una pregunta sobre la prohibición de construir minaretes en las mezquitas en suelo helvético que ganó por mayoría, mientras que la prohibición de exportar armamentos promovida por el Grupo por una Suiza sin Ejército que denunciaba precisamente la exportación de armas a países con un pésimo registro de respeto a los derechos humanos, algunos de ellos repúblicas islamistas, no fue avalada por las urnas.
Es curioso ver el doble rasero con el que los suizos miden la amenaza islamista. El motivo de la petición de la prohibición de construir minaretes se basaba en la idea expuesta por el SVP-UPC, de que los alminares no son meras torres inocentes sino una expresión arquitectónica de la supuesta supremacía del Islam sobre el resto de las religiones. No se trataría por tanto, de elementos esenciales para la oración, por lo que no se estaría contraviniendo la libertad de culto expresada en la constitución helvética, sino nada más y nada menos que un signo de dominación política. Se ve que no han viajado mucho por Europa y visitado las grandilocuentes torres de sus catedrales.
En Suiza viven 400.000 musulmanes, siendo el Islam la segunda religión de un país cuyo gobierno se jacta de no tener disturbios raciales, ni problemas de integración destacables y que han sido los primeros sorprendidos por el resultado del referéndum -57,7% de los votos a favor de la prohibición-, a pesar de que el grupo ultraderechista promotor de la consulta obtuvo el 29% de los votos en las pasadas elecciones generales.
Contrariamente, la petición de la consulta sobre la prohibición de exportar armamento que denuncia que Suiza exporta armas a países como Afganistán, Pakistán o la región sudanesa de Darfur, no ha encontrado el respaldo popular suficiente.
En este caso, el Gobierno se armó con un informe contundente en plena crisis económica por el que votar sí al fin de la exportación supondría la supresión de 5.000 empleos y la pérdida de casi 500 millones de euros. Argumentando además, que la mayor parte de las exportaciones de armas suizas van dirigidas a países que “comparten los valores suizos”.
Sin embargo, en 2008, Pakistán fue el primer importador de material de guerra procedente de Suiza, por un valor de más de 70 millones de euros. Se ve que hasta el domingo, el gobierno suizo no sabía que los pakistaníes, musulmanes en su mayoría, no compartían los valores suizos.
Claro que lo mismo tampoco eran conscientes hasta que punto, los propios suizos no compartían los valores que los europeos tanto nos jactamos de tener y que queremos imponer al mundo a modo de civilización occidental y que tienen en la tolerancia y la libertad religiosa uno de sus pilares fundamentales.
Tenemos que reflexionar sobre qué Europa estamos construyendo. Una Europa que se refugia en una identidad excluyente e hipócrita que no quiere rezar con los musulmanes pero que en cambio mira para otra parte cuando vende armas a países desestabilizados política y económicamente convirtiéndolos en peligros efectivos para nosotros los europeos, y sobre todo, para ellos mismos.

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