Cambiad el sistema, no el clima
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Publicado el 15 de Diciembre de 2009.

Desde el pasado día 7 de diciembre y hasta el próximo 18 se reúnen en Copenhague los representantes de todos los países del mundo en el marco de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Ya hemos pasado el ecuador de la cumbre y las noticias que nos llegan de la capital danesa son un tanto desoladoras. No sólo porque se ha recurrido a la detención preventiva de activistas que luchan para que los políticos se conciencien de la urgencia de actuar contra el cambio climático, sino porque parece que los países no van a llegar a un pacto jurídicamente vinculante sobre la justa distribución de las futuras emisiones de CO2. Y eso que en Copenhague nos estamos jugamos el futuro de la humanidad.
La evidencia científica sobre el calentamiento de la tierra y la degradación medioambiental es ya incontestable. El aumento de la temperatura media llevará al derretimiento de polos y glaciares provocando la inundación de las islas y zonas costeras entre otros fenómenos, lo que tendrá consecuencias devastadoras para la humanidad generando los que ya se conocen como refugiados climáticos que una vez más coincidirán con los pobres de entre los pobres.
Por mi parte, no creo que se avance mucho en Copenhague si no se tienen en cuenta algunos principios. Primero, que no se puede ser miope sino que es necesario una firme voluntad política para actuar ya, y para poner sobre la mesa los medios que se necesitan.
Segundo, que esos medios no pueden ser puestos en igualdad de condiciones por todos los países del mundo. Tienen que poner más los que más tienen que además coinciden con los que más contaminan y han contaminado y que por tanto, han adquirido una deuda histórica con el resto. En nombre de la justicia climática se debe establecer una compensación para que los países que han degradado más el clima aporten una ayuda significativa a los países en desarrollo de modo que puedan luchar contra los efectos de la catástrofe climática.
Los países pobres no ven por qué tienen que seguir pagando por el modelo de crecimiento irresponsable de los países ricos cuando ya han pagado bastante. Por un lado, los países desarrollados han expropiado la capacidad de los países en desarrollo de emitir gases de efecto invernadero y, por otro, se han convertido en muchos casos en auténticos vertederos de los deshechos contaminantes del resto del mundo. Algo que se ha buscado incluso de forma explícita como puso de manifiesto un informe de 1991 del economista jefe del Banco Mundial, Larry Summers, por el que recomendaba que los vertidos contaminantes se realizaran en África puesto que allí, la esperanza de vida era de todas formas más baja.
Tercero, la solución tiene que ser global y tendrán que imponerse principios de justicia global para que lleguemos a acuerdos comunes desde intereses contrapuestos porque ya no valen soluciones parciales o nacionales.
Y por último, necesitamos una nueva concepción de la economía que no se base exclusivamente en el crecimiento medido a través del PIB. Necesitamos nuevos indicadores que no valoren únicamente el beneficio económico de la producción sino también otros costes ocultos como el ecológico. En definitiva, como dice uno de los slogan desplegados en Copenhague: cambiad el sistema, no el clima.


Artículo publicado en elcorreoweb.es



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