El presidente Obama ha anunciado el fin de la ocupación militar de Irak comenzada ilegalmente por Bush y sus socios de las Azores en 2003 con el pretexto de acabar con la existencia de armas de destrucción masiva que luego nadie encontró. El fin de la ocupación militar es muy relativo puesto que los iraquíes seguirán teniendo su país ocupado por 50.000 soldados norteamericanos que permanecerán en bases estratégicas. Y sobre todo, su país seguirá ocupado por los nuevos señores de la guerra occidentales, como el ex vice-presidente estadounidense Dick Cheney y sus socios empresariales, que han llevado a cabo la verdadera ocupación de Irak, la económica, para terminar controlando las extracciones de petróleo, la seguridad privada de un país que ellos mismos han desestabilizado y la reconstrucción de lo que igualmente ellos mismos destruyeron previamente. La guerra que Bush y sus aliados quisieron justificar con fines civilizatorios y democráticos ha sido un fracaso. El Irak que dejan las tropas estadounidenses no es el modelo de democracia con el que sus invasores justificaron sus acciones al mundo. Se trata de un país empobrecido, desarticulado e inseguro. Los indicadores relativos al desarrollo humano han caído en picado. La esperanza de vida ha descendido vertiginosamente debido a los atentados terroristas que hicieron su aparición tras la invasión y al deterioro de las condiciones higiénicas y sanitarias habiéndose duplicado la mortalidad infantil y quintuplicado la mortalidad materna.
Más de dos millones de iraquíes han tenido que huir de su país, entre ellos casi la mitad de los profesionales que había antes de la guerra, con la consiguiente pérdida de capital humano. La violencia que se ha instaurado en Irak lo hace inhabitable. El apoyo de los invasores a la formación de políticas sectarias para evitar una respuesta unitaria a la invasión, ha traído el fantasma del sectarismo que hace que los iraquíes de una zona o facción religiosa no puedan pisar otras partes del país u otros barrios dentro de las capitales. La guerra ha generado más intransigencia y más odio: la violencia, como siempre, trae más violencia. La guerra y la invasión han sido un mazazo contra la hasta ahora sociedad más laica del oriente próximo, lo que está teniendo consecuencias muy nefastas en el verdadero proceso de democratización. Las niñas y mujeres iraquíes, por ejemplo, han visto mermados y violados derechos de ciudadanía que con anterioridad disfrutaban. Obama ha dado por concluida esta ocupación con la frase “hemos cumplido con nuestra responsabilidad”. Pero eso solo es verdad si la responsabilidad del gobierno americano se entiende como la de favorecer los intereses de las empresas de seguridad y reconstrucción, de los grandes capitales norteamericanos. La responsabilidad asumida por Estados Unidos no ha sido frente al pueblo iraquí, que como he comentado ha visto deteriorarse año tras año sus estándares de vida, ni tampoco frente al pueblo americano a quien esta guerra le ha costado más de un billón de dólares. Lo penoso es que los millones de personas que nos echamos a la calle en contra de esa invasión hayamos permanecido después callados y lo sigamos estando cuando en realidad la guerra no ha concluido. Puede que sea más sutil pero la que están ganando ahora los grandes capitales y las oligarquías que allí hacen negocio con el beneplácito de las potencias occidentales es tan cruel o más que la que llevaron a cabo los ejércitos.

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