Hace unos meses, Juan Torres López y yo terminamos de escribir un libro que acaba de publicarse en la editorial Icaria titulado ‘Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera’. En él alertamos del peligro de que de esta crisis se salga como de otras anteriores, con retrocesos en los avances previos en la igualdad entre mujeres y hombres como consecuencia de la intensificación del trabajo pagado y no pagado de las primeras.
Al aumentar el paro y disminuir los recursos públicos disminuye la renta disponible de los hogares y el alcance de los servicios sociales a disposición de la ciudadanía, lo que hace aumentar el trabajo no pagado que con anterioridad se adquiría en el mercado o se suplía a través de prestaciones públicas.
Huelga decir que esto último no tendría que traducirse en una intensificación del trabajo de las mujeres si los hombres fueran corresponsables en los trabajos domésticos y de cuidados no remunerado que se realizan en el seno de la familia. Pero eso no es lo que ocurre de forma mayoritaria, ni siquiera entre quienes se han quedado desocupados.
Acabo de comprobar en un estudio realizado con Mauricio Matus para la población andaluza que los hombres empleados afirman que tienen problemas de conciliación sólo cuando sus mujeres están también empleadas, mientras que las mujeres empleadas afirman tenerlos siempre, no sólo cuando sus maridos o compañeros trabajan sino, especialmente, cuando están desocupados. Lógicamente, porque hay más tareas domésticas y menos o igual colaboración de la pareja masculina.
La dirección que han tomado los recortes presupuestarios en los países de la Unión Europea y el deterioro de lo público que empezamos a sufrir con los planes de ajuste y las políticas de lucha contra el déficit corroboran los malos augurios que anticipamos hace unos meses al redactar el libro.
En Inglaterra se acaba de hacer público un reciente estudio de la Cámara de los Comunes que apunta en esta misma dirección al demostrar que tres cuartas partes del coste de la lucha contra el déficit del gobierno británico recaerá principalmente en las mujeres.
Según ese informe, de los 8.000 millones de libras de ahorro que prevé el plan del nuevo primer ministro David Cameron, las mujeres pagarán 5,8, frente a 2,2 los hombres, a pesar de que la renta disponible de las mujeres es mucho menor que la de los hombres. Y eso sin tener en cuenta el impacto que la reducción de los empleos públicos que ya se está cocinando tendrá en las mujeres que son las principales empleadas públicas. Ni tampoco el impacto de medidas como el ahorro de 640 millones de libras del desmantelamiento del fondo para la infancia, el impacto de los impuestos indirectos o los efectos de los recortes en salud maternal y reproductiva que ya se han diseñado.
En nuestro libro demostramos que la desigualdad es uno de los principales desencadenantes de la crisis y por eso podemos afirmar rotundamente que, en contra de lo que afirman algunos despistados dirigentes de la patronal, estos pasos atrás que se están dando en materia de igualdad no sólo no constituyen ningún ahorro sino, por el contrario, la garantía de tener nuevos y mayores problemas económicos en el futuro. Me gustaría equivocarme pero es seguro que será así porque sólo avanzando hacia la igualdad, y no al revés, se fortalecen y se hacen más estables y productivas las economías.

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