Ayer se presentaba una declaración de profesores y profesoras universitarios frente a la crisis que partió de una iniciativa de un grupo de profesores de las dos universidades públicas sevillanas, entre los que me encuentro, y que en unos días ha llegado a ser suscrito por más de 1300 firmantes.

El interés de dicha declaración es doble. Por una parte, porque ofrece una doble crítica, a la interpretación dominante de la crisis y a las medidas que se están tomando en España y en la mayor parte de los países europeos. Y por otra, porque supone una toma de posición, una movilización del profesorado universitario que, aunque aún pueda considerarse tímida, supone un cambio de tendencia frente al silencio y al inmovilismo social y político que se había asentado en aulas, despachos y laboratorios.

En la declaración se quiere dejar claro que esta crisis no es simplemente un hecho circunstancial, sino la expresión de un modo de vida y de organización de todo el sistema social y económico que es material y humanamente insostenible. Y que precisamente por ello no podremos salir de ella con simples remiendos que, por cierto, ni siquiera se han puesto en marcha en el mundo financiero. Y en ella se sostiene que las medidas que se vienen tomando se han decidido sin previa deliberación social, incluso forzando a los gobiernos que son los que están legitimados, y no “los mercados” para decidir sobre los asuntos generales. Es decir, violentando la democracia, haciendo que ésta luzca solo como un florero, como un espejismo que nos hace creer que decidimos en las urnas a quienes gobiernan cuando en realidad son otros quienes de verdad toman las decisiones que afectan a nuestro bienestar y convivencia.

En lo relativo al segundo aspecto, creo que es muy positivo comprobar que la Universidad no abandona el compromiso que siempre debió tener para con la sociedad que la sustenta. En las universidades se genera y transmite conocimiento, y por tanto, son lugares de debate en donde tiene que florecer y predominar el espíritu crítico. Los temas que afectan a la sociedad deben ser estudiados y debatidos en la Universidad como se lleva haciendo durante siglos aunque ahora sean muchos los que desean que el profesorado se encierre en sí mismo y se aleje cada vez más de la realidad circundante.

Esta crisis ha puesto sobre la mesa muchos males de nuestra sociedad pero quizá el peor de ellos es la falta de debate y el oscurantismo que permiten que los poderes cuelen por la puerta falsa sus propuestas. Unas propuestas como los recortes de gasto publico, la reforma laboral y la inmediata reforma de las pensiones que, como hemos podido comprobar en tantos otros países, no es verdad que generen los efectos con los que ahora quieren engañar aquí a la ciudadanía.

Por eso, lo malo ni siquiera es ese engaño, los argumentos tan falsos que se están divulgando para justificar la pérdida de bienestar y de derechos sociales para favorecer a los bancos y a los más ricos, sino que todo ello se cocine en la trastienda, sin dejar que la sociedad delibere y se pronuncie. Por eso quienes hemos firmado esta declaración queremos advertirle que lo está más en peligro es la propia democracia.

 

 

 

 

 

Artículo publicado en elcorreoweb.es