Ahora entiendo por qué la derecha de este país se opone a la impartición de una asignatura como educación para la ciudadanía. El que las nuevas generaciones de este país se empapen de valores como la tolerancia, la cultura de paz, el respeto a los derechos humanos y a los valores de igualdad, en definitiva, el respeto al otro en su diversidad, ideas y creencias, no debe ser del agrado de muchos, a tenor del vocabulario y los valores que se sirven en el programa estrella de la derecha, que dicho sea de paso, no cesa de crecer en audiencia.

La semana pasada, Eduardo García Serrano, uno de los asistentes al programa de Intereconomía, El gato al agua, se despachó a gusto con la Consejera de Sanidad de Cataluña, Marina Geli, llamándola guarra, puerca y zorra. Y mientras argumentaba de tan inteligente forma, se escuchaban risitas de fondo, posiblemente del presentador, ya que en ningún momento le enmendó la plana al tertuliano, si es que aquello debemos llamarle tertulia y no simple trifulca barriobajera.

La razón por la que este tertuliano -conocido por su trayectoria radiofónica en Radio Intercontintental en la que mantuvo amigables conversaciones con golpistas violentos como Ynestrillas- insultó de esa forma a Marina Geli era la puesta en marcha de un programa de educación sexual que, como no podía ser de otra manera y precisamente para evitar que se produzcan embarazos indeseados y abortos, acompaña a la entrada en vigor a partir del próximo 5 de julio de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo.

El tal García Serrano, no contento con insultar con todo el desprecio del que seguramente es capaz alguien de su ralea, igualó los talleres de educación sexual con los abusos a menores, yéndose a recoger ejemplos para ello a la Antigüedad clásica. Un viaje en el tiempo evidentemente innecesario por cuanto que los tiene mucho más a mano en los casos de pederastia en el seno de la iglesia católica que tanto se ha enfrentado a la ley que ahora entra en vigor.

La educación sexual que promueven el gobierno de España, el catalán y el andaluz son el mejor antídoto para bajar el número de abortos, sobre todo entre adolescentes, y no promocionarla es una forma directa de multiplicar el número de embarazos no deseados, y consecuentemente el número de abortos.

Se está ocultando maliciosamente que la Ley del aborto que acaba de recurrir el PP viene a regular un uso viciado de la norma de 1985, que permitía que la mujer abortase sólo en los supuestos de violación, malformación fetal y grave riesgo para la vida o la salud física o psíquica de la mujer. Un supuesto este último que terminó por ser un coladero que además daba pocas garantías a las mujeres y a los médicos y que, a pesar de ello, no fue modificado por el Partido Popular en los ocho años que estuvo en el gobierno.

Intervenciones como la del presunto señor García Serrano, no deberían quedar impunes. No hay más libertad de expresión cuando ese tipo de lenguaje político prolifera. Lo único que hace es alimentar el odio, la zafiedad y la violencia. Y lo que me parece muy frustrante y peligroso es que la derecha democrática no solo no se distancie de esos personajes sino que los jalee con tal de acosar como sea al gobierno.

 

 

 

 

Artículo publicado en elcorreoweb.es