Creo que los españoles nos debemos de sentir orgullosos de nuestro sistema público de sanidad que no solo es universal sino que ha mejorado notablemente en los últimos años, sobre todo en el aspecto clínico. Es cierto que todavía es muy mejorable, pero basta compararlo con otros sistemas sanitarios de países más ricos que el nuestro para saber hasta que punto es bueno nuestro sistema público de salud.
Tener una buena sanidad pública no es solo una cuestión de disponer de recursos y de buenos gestores y profesionales, sino también una cuestión de confianza y de voluntad social y política. Cuando se valora la sanidad pública en su debido término y el principio de solidaridad y de igualdad de oportunidades que entraña es cuando se está dispuesto a realizar el esfuerzo fiscal para mantenerla.
Pero la valoración que la ciudadanía hace de los recursos públicos tiene mucho que ver con la percepción de lo que se hace con ellos y de quienes los utilizan y como.
Si las celebridades y personas más influyentes acuden mayoritariamente a la sanidad privada, seguramente se produzca indirectamente un cierto deterioro de la imagen de la sanidad pública.
Es por eso, que los defensores de la sanidad pública, siempre han criticado a la casa real por utilizar la sanidad privada. Prácticamente todas las operaciones o partos del rey, las infantas o princesas, se han realizado en clínicas privadas.
Por ello nos pareció tan gratamente sorprendente que el pasado sábado, el Rey, quien esperemos evolucione favorablemente, se sometiese a una operación en un hospital público catalán, el Clínic de Barcelona. Y hasta el President de la Generalitat, José Montilla, sacó pecho sobre la calidad del sistema catalán de salud.
Sin embargo, la institución en la que ingresó el Rey no fue exactamente el Hospital Clínic, sino Barnaclínic, una clínica privada situada dentro del propio Clínic que utiliza los recursos humanos, instrumentales y la infraestructura el hospital público pero que en realidad es sanidad privada.
En la planta del Clínic que utiliza Barnaclinic no hay camillas por los pasillos, ni listas de espera como ocurre con los hospitales públicos que no cuentan son suficientes recursos, y las habitaciones son individuales y cuentan con todas las comodidades posibles. Eso sí, tal y como reza en su página web, el personal, la experiencia, los conocimientos derivados de la investigación y de una historia ya centenaria son los del Clínic. Digamos que se paga por tener acceso sin esperas a la calidad de la sanidad pública –pagada con impuestos-, y al confort de la privada, aunque es fácil adivinar que el precio que se paga no incorpora todos los costes que implica los recursos que se utilizan de la sanidad pública, porque en ese caso, serían sencillamente desorbitados.
Seguramente son precios suficientemente altos para que estén al alcance de solo una minoría social, pero por debajo de los costes sociales que conlleva poner en marcha la sanidad pública de la que se aprovecha.
Desgraciadamente la familia real sigue sin demostrar que confía en la sanidad pública y sin dar el ejemplo que a muchos nos gustaría que diera, sobre todo cuando se sabe que los profesionales quirófanos e instrumentales son tan buenos, o mejores, que los de la sanidad privada.

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