La elección el pasado otoño de Obama como presidente de los EEUU y el inicio de su mandato el 20 de enero han invadido el planeta de un optimismo casi mesiánico. Hasta el punto que hemos olvidado alguno de los principios de
Estuve en EEUU en noviembre de 2008, unos días después de las elecciones presidenciales y el entusiasmo de la obamamanía era tan contagioso que hasta la crisis económica se veía de color de rosa. Sin embargo, el deterioro de los derechos civiles y humanos a través de la retórica del miedo que ha dejado como herencia la era de Bush, es mucho mayor de lo que pudiera pensarse.
Desde septiembre de 2001 me indigno cada vez que paso por el circo de seguridad de un aeropuerto. Como a cualquier persona, me ha tocado descalzarme, despedirme penosamente de una botella de vino o aceite que me habían regalado, aguantar los toqueteos y la prepotencia, o criminalizar a mi propio ordenador situándolo solo y desnudo en una única bandeja como corresponde a tan sofisticada bomba de relojería. Durante años venimos asistiendo impotentes al enriquecimiento de las empresas de seguridad aupadas por el miedo inducido, y al de las empresas que producen las bolsas de plástico transparente homogeneizadas para llevar armas tan conocidamente peligrosas como desodorantes, tubos de pasta de dientes o leche materna.
Anoche llegué a Washington en mi primer viaje a EEUU tras la investidura de Obama y en el tránsito del Aeropuerto de Nueva York
La vejación que supone que vulneren tus derechos y tu intimidad no les parece suficiente abuso y encima quieren hacerte creer que lo hacen por nosotros, que lo hacen por mí, para protegerme, además, de forma inteligente y eficiente. Pero ¿quién me protege de ellos? ¿Quién nos protege de sus abusos? ¿Tendremos que permanecer siempre impasibles ante un Estado que actúa de forma autoritaria, arbitraria y abusiva? Bush se ha ido pero los intereses empresariales y políticos que abusan de ese miedo provocado, creado, diseñado…. se han quedado e instalado con naturalidad en nuestras sociedades. El propio Fiscal General de EEUU admite que muchos fueron los excesos que se cometieron en nombre de la seguridad nacional tras el 11S. Esperemos que

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