Supongo que no soy la única ciudadana a la que extraña tanto revuelo por una gripe que mata pero no más que las gripes que anualmente padece el mundo y sobre todo, mucho menos de cuanto lo hacen otras enfermedades contagiosas que afectan principalmente a los países pobres, o el propio hambre o la falta de agua potable. Hay algunas cifras y coincidencias que me causan más dudas que respuestas.
Según los datos oficiales, de la gripe mexicana solo han muerto 26 personas en todo el mundo, 25 de ellas en México, pero sin que aún sepamos a ciencia cierta cuántas muertes hay sobre contagios totales, ya que en México se considera caro e inútil ir al hospital y sólo acudieron los casos muy graves. No obstante, el pasado 6 de abril una reputada consultora sanitaria alertó de que el 60% de los 3.000 habitantes de
Téngase en cuenta, por ejemplo, que de las cepas de gripe que se desarrollan cada año mueren entre medio millón y un millón de personas en todo el mundo y que de la famosa gripe española de 1918-19 murieron entre 40 y 50 millones.
El número de muertes que está provocando la actual epidemia es, por tanto, relativamente bajo, sobre todo, si se compara con las más de 25.000 personas que según Naciones Unidas mueren de hambre cada día, o las 6.000 que lo hacen por falta de agua limpia, de entre los cuales más de 4.500 son niños. ¿Por qué no se considera pandemia estas muertes, ni se abre con ellas los telediarios?
Quizá una pista que explique esa diferencia de trato mediático y de actitud frente a la muerte es que ni el hambre ni la falta de agua van a matar a nadie del mundo rico. Y que, por tanto, evitarlas no sería ningún gran negocio, como lo es hacerle frente a la gripe.
La vacuna que está demostrando dar buenos resultados para combatir esta nueva cepa de gripe es el Tamiflu, que ya demostró ser efectiva en la gripe aviar de 2005. Este medicamento lo comercializa la empresa suiza Roche que en tan sólo unos días ha multiplicado las ventas y ha visto subir su cotización en bolsa un 7,1%. Sin embargo, la empresa que tiene la patente de dicho medicamento es Gilead Sciences cuyo presidente hasta que fuera nombrado en 2001 Secretario de Estado de Defensa de EEUU, era Donald Rumsfeld. Durante la gripe aviar de 2005 y manteniendo aún su participación en dicha empresa, Rumsfeld fue responsable de la compra por parte del Pentágono de Tamiflu por valor de más de 1.000 millones de dólares para vacunar al personal militar.
La vinculación que se produjo entre intereses comerciales y la epidemia de gripe aviar, lo ha denunciado con todo lujo de detalles la ministra de Sanidad de Indonesia, Siti Fadilah Supari en su libro It’s Time for the World to Change: Divine Hands Behind Avian Influenza. En él denuncia que: “los centros sanitarios que colaboran con

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