El pasado sábado me encontré por las calles del centro de Sevilla a un conocido constructor que se quejaba desesperado de la falta de financiación que tienen las empresas para poder hacer funcionar sus negocios y por ende la economía.
La verdad es que lo que me contaba no resultaba ser nada nuevo pero también es verdad que oírlo en boca de una persona que intentó consolidar una empresa social y medioambientalmente sostenible, y que ahora tiene grandes dificultades para poder garantizar un mínimo funcionamiento de su actividad, enoja y enfurece a quienes, como yo, consideramos fundamental que existan esos empresarios comprometidos con su entorno y que buscan algo más que el afán personal de lucro.
Sabemos que el dinero público que se canalizó para salvar a la banca de la quiebra no ha servido para que esa misma banca haya desatascado la falta de financiación que hay en la economía y que impide a las empresas mantener su actividad económica y por tanto, proporcionar empleo y fomentar el consumo.
Sabemos también que ese dinero público ha servido para que los bancos taparan sus agujeros y que una vez tapados hayan seguido haciendo lo mismo que nos ha llevado a la actual crisis, o sea, especular, es algo que también sabemos.
Y es fácil comprobar que los bancos y los grandes fondos de inversión siguen especulando sin parar, aunque ahora no lo hacen en el sector hipotecario o a las materias primas como ocurrió antes, sino comprando y vendiendo la deuda pública que los gobiernos han tenido que emitir para salvar a los bancos y para evitar el colapso económico. Y sabemos que eso está obligando a los países a diseñar planes de ajuste y de control de déficit que empobrecerán a gran parte de la ciudadanía, mientras que los banqueros, gracias al dinero público, vuelven a tener miles de millones de beneficios.
Por eso me parece evidente que ya es la hora de volver a debatir sobre la necesidad de contar con una banca pública que garantice la financiación de las empresas. En otros países como Estados Unidos el movimiento a favor de una banca pública viene actuando desde el inicio de la crisis financiera. Y ya hay políticos que lo están llevando a la agenda pública presionado por una ciudadanía que sitúa a las instituciones financieras entre las menos valoradas del país.
Pero las voces a favor de la banca pública también vienen del mundo académico, de la mano de reputados economistas como el propio nobel de economía, Joseph Stiglitz, quién además ha asesorado al presidente Zapatero.
Sin embargo, aquí en España no parece que se esté dando ese debate lo cual me parece bastante insano. No hace falta ser un sabio para saber que si la banca privada no cumple con la función social de garantizar el crédito a la actividad productiva, tendrá que hacerlo la banca pública para evitar que se hunda la economía.

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