Cuando comencé a vivir en Italia me resultaba pintoresco ver los 28 de octubre a un grupo muy reducido de hombres, siempre hombres, vestidos con camisas negras en un restaurante al que yo solía ir atraída por la magnífica Bistecca alla fiorentina que ofrecía. Celebraban allí
La excusa que ha llevado a aprobar con carácter de urgencia estas patrullas ha sido una serie de violaciones en varias ciudades italianas cuya autoría se ha achacado a ciudadanos extranjeros. Las patrullas se presentan como un instrumento para proporcionar mayor seguridad a los ciudadanos y de hecho el decreto da preferencia a la hora de formar parte de ellas a las asociaciones de ex agentes de policía y carabineros, tratando de transmitir así la idea de que se trata de “personas que saben lo que hacen”. Pero lo cierto es que de esa manera no es la seguridad ciudadana lo que aumenta sino la arbitrariedad, el desorden y la insolidaridad, es decir, todo lo contrario de lo que en realidad hace que nuestras sociedades sean más seguras y democráticas.
El punto de partida de esas patrullas no es otro que la criminalización apresurada de los inmigrantes y lo que de verdad suponen es la dejación de funciones básicas del Estado, que renuncia a su poder democrático haciendo creer a los ciudadanos que la venganza y la interpretación personal de la ley son sus mejores defensas frente a la violencia. La mejor forma de combatir la inseguridad es fortalecer la solidaridad y los mecanismos que proporcionan vida digna a todas las personas. ¿Es sincera esa búsqueda de la seguridad en gobernantes que al mismo tiempo reducen el gasto público social, que no hacen sino flexibilizar los mercados generando un empleo cada vez más precario y exclusión social? Podemos pensar que este tema no nos preocupa porque nosotros no vivimos en Italia. Pero los episodios y comentarios xenófobos se suceden a nuestro alrededor y es posible que el deterioro de las condiciones económicas y laborales como efecto de la crisis financiera los incremente. A la vista de esos ejemplos, es más urgente que nunca que fortalezcamos los valores ciudadanos y nos armemos, no en patrullas, sino moralmente.

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