El debate sobre el uso del velo islámico en las escuelas se ha vuelto a abrir en España. No es la primera vez y tampoco será la última.

En este caso, me la impresión de que la coincidencia de este debate con acciones claramente xenófobas que se llevan a cabo de manera irresponsable por representantes de un partido político que tiene vocación de gobernar este país, lleva a muchos a aliarse con la tesis multiculturalistas con tal de distanciarse de las actitudes xenófobas.

Sin embargo creo que se puede denunciar claramente la actitud del PP en Badalona difundiendo un folleto con el letrero “No queremos rumanos” y sin embargo abogar por una regulación a la francesa que prohíba el uso del pañuelo en las escuelas porque esta es la que mejor refleja la laicidad que debería dominar en los espacios públicos de las sociedades avanzadas y plenamente democráticas y respetuosas con las creencias que cada persona tiene derecho a cultivar en su ámbito personal e íntimo.

Es cierto que la utilización del velo puede interpretarse de varias maneras, como un símbolo cultural de respeto a una costumbre, como una opción identitaria en un contexto cultural distinto al de origen, o como reivindicación de lo islámico frente a un modelo de globalización occidental, etc… Pero el hecho de que lo tengan que llevar exclusivamente las mujeres y que en algunos casos derive en los extremos del burka o el niqab, convierte el uso del velo en algo muy contrario al concepto moderno de igualdad de derechos y oportunidades para mujeres. Un concepto que muchas culturas o religiones (que defienden este uso discriminatorio del velo) consideran como un simple rasgo más de la cultura occidental que no comparten y que, por tanto, pueden violar en virtud de su afirmación cultural, cuando en realidad es un derecho que debe considerarse como universal porque cuando no se respeta se trunca la capacidad básica de hacer y de ser de las mujeres.

Por eso creo que no es correcto recurrir a la idea de tolerancia o a la de libertad democrática para desafiar y limitar el principio de igualdad que es superior a ellas porque es el que las hace posibles.
No debemos atacar el principio de igualdad y mucho menos en una institución como la escuela. Por ello que tampoco estoy de acuerdo con la educación separada para niños y niñas y creo necesario avanzar en la laicidad de la escuela española. De esa forma, el derecho de libertad religiosa sería respetado en todos los casos, al quedar fuera del ámbito escolar y no como ocurre ahora en España.
El dejar en manos de los centros este tipo de decisiones no me parece el mejor camino porque se pueden dar situaciones dispares que podrían derivar en situaciones discriminatorias e incluso xenófobas que concentrarían a las niñas que decidan llevar el velo –sin entrar en la libertad de los procesos de toma de decisión de las personas y los condicionamientos sociales, culturales e incluso afectivos a los que estamos sujetos-, en los centros más “tolerantes” con unos valores pero más “intolerantes” con otros.

La clave, pues, radica en tratar el uso del velo como un asunto que afecta al mismo tiempo a la igualdad y a la laicidad, que es la forma de garantizar el derecho de cada persona a vivir sus creencias sin afectar a las demás. Si solo se legisla sobre la prohibición de cubrir la cabeza sin avanzar en la laicidad se estaría discriminando y persiguiendo explícita e injustamente a la religión islámica. Necesitamos una escuela laica donde se enseñen los valores universales de libertad, fraternidad, respeto e igualdad.

 

Artículo publicado en elcorreoweb.es