En el momento de escribir estas líneas, el Partido Demócrata de centro izquierda se daba como ganador en siete de las trece regiones en juego en las elecciones regionales italianas, la coalición liderada por Berlusconi parece haber ganado en cuatro, y la abstención aumentaba en siete puntos.

Ni el cambio de signo político ni el aumento de la abstención deben extrañarnos teniendo en cuenta el deterioro democrático al que Berlusconi está sometiendo a Italia, y que él mismo había presentado estas elecciones como un plebiscito a su política y su persona.

La posible derrota de Berlusconi en las elecciones regionales podría significar que se está dando un punto de inflexión importante en la política italiana pero no es fácil que esto sea efectivamente así si se tienen en cuenta algunos factores determinantes del gran poder que tiene Berslusconi y que no han cambiado.

Primero, que Berlusconi no cesa en el empeño de aprobar leyes que le queden como un traje hecho a medida y que le permitan seguir concentrando poder político y económico como ha venido haciendo estos últimos años sin encontrar suficiente oposición política. Concretamente, pretende seguir adelante con las reformas judiciales que de facto le permitirán mantener su impunidad y acabar con la independencia de la justicia italiana, e incluso ha hablado de reformar la constitución.

Segundo, que es dueño de un imperio mediático que controla la mayor parte de la información que llega a la ciudadanía. A sus cadenas de televisión privadas, ha unido un control partidista de la televisión pública y por tanto, tiene un poder enorme sobre las decisiones de los italianos, sus gustos, preferencias y valores.

Tercero, que sus socios de la Lega Nord arrastran muchos votos en las regiones del norte y del centro-norte. El partido de Bossi, es conocido por su xenofobia que no para de aumentar con medidas como las que hace o pide la alcaldesa de Milán al imponer el toque de queda en barrios de mayoría inmigrante, o al solicitarle al Ministro del Interior que modifique la ley –y la constitución-, y permita a la policía hacer registros en domicilios particulares sin orden judicial, y así pillar a los inmigrantes sin papeles para su posterior expulsión. Claro que en Arezzo, los de la Lega se han superado, inventado los sobres monodosis de jabón líquido, a utilizar después de haber tocado a un extranjero. Pero la Lega es también el partido que la ciudadanía –del norte- considera más cercano a las necesidades del pueblo, el que la escucha y lucha por sus intereses, por mucho que éstos puedan ser moralmente condenables.

Cuarto, que al Vaticano no le importan los escándalos sexuales de Berlusconi, ni pone reparos a que mantenga relaciones sexuales con menores o con prostitutas o a su comportamiento político tan cercano al totalitarismo con tal de mantener sus privilegios y lo apoya sin reservas.

Y quinto, que Berlusconi, aún tiene enfrente a una izquierda desestructurada, desanimada y desunida a pesar de la nueva refundación en el Partido Demócrata y del resurgimiento de algunas figuras que cuentan con gran credibilidad en la izquierda como la ex comisaria Enma Bonino.

 

Artículo publicado en elcorreoweb.es