Ayer 1 de marzo se inauguró en la sede de Naciones Unidas en Nueva York la sesión número cincuenta y cuatro de la Comisión sobre el Estatus de las Mujeres, con ocasión del décimo quinto aniversario de la Reunión Internacional sobre la Mujer que tuvo lugar en la ciudad de Beijing en 1995. Este encuentro además, se engloba dentro de otros programas y objetivos de Naciones Unidas como el de los Objetivos del Milenio en los que la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres a todos los niveles de la sociedad ocupan un lugar destacado por sí mismos y como vehículos para alcanzar otros objetivos.

La reunión en la capital china de hace quince años supuso un antes y un después en la concreción de los objetivos de igualdad de género, en la concienciación de los gobiernos y en la fijación de las herramientas políticas que había que desarrollar para poder avanzar en igualdad, sobre todo la idea de transversalidad que suponía no sólo desarrollar leyes y políticas específicas de igualdad sino que los objetivos de igualdad estuvieran presentes en todas las políticas públicas.

Ahora, al hacer balance queda claro que los avances en estos últimos quince años han sido importantísimos en todo el mundo y mucho más en algunos países, como el nuestro, que se ha dotado de algunas de leyes de igualdad que están entre las más avanzadas del mundo, en donde tenemos gobiernos paritarios y un descenso extraordinario en los grados de discriminación hacia las mujeres, todo lo cual hace que podamos presentarnos ante el mundo como un país de ejemplar y de vanguardia en la conquista de derechos y en la consecución de mayores niveles de bienestar humano.

El balance, sin embargo, también muestra que queda mucho por discutir y mucho por avanzar, en el mundo, y también en España. Las mujeres seguimos teniendo menos empleo, más trabajo, menos recursos económicos, condiciones de trabajo más precarias, seguimos siendo víctimas de violencia, de comercio sexual y seguimos estando infrarrepresentadas en los órganos de toma de decisiones. Cada vez nos formamos más pero sigue sin ser convenientemente reconocido el papel esencial que jugamos en el desarrollo económico de los pueblos y en la consecución del bienestar de nuestras sociedades.

Una asamblea como esta permite también comprobar una vez más que los avances en la igualdad entre mujeres y hombres repercuten en mayor bienestar global, en más justicia para todas las personas y en la consolidación de economías más satisfactorias y eficientes, y no solo como a veces torpemente se cree en una mejor condición de las mujeres. Y por ello, pone de manifiesto lo incomprensibles que resultan los ataques que diariamente sufren los principios de igualdad y las personas que luchamos por establecerlos por parte de los sectores conservadores de la sociedad o por el fundamentalismo presente en todas las religiones que constantemente se filtra a la sociedad de manera expresa o sutil en lo medios de comunicación o en los centros de enseñanza.

 

Artículo publicado en elcorreoweb.es