La Presidenta de la Comunidad de Madrid se suele autoproclamar como la política más genuinamente liberal y, por tanto, la más firme defensora de libertad de mercado para gobernar y regular un país o región. De hecho, la mayoría de los que también se consideran liberales en este país, la tienen como su lideresa natural.

Pero sus obras me llevan a pensar que en realidad, Aguirre es un buen ejemplo de cómo las personas con poder pueden labrarse como auténtica una imagen de sí mismos que de ninguna manera se corresponde con su práctica real. Basta con estar un poco al tanto de la actualidad nacional para comprobar que es la presidenta que más ha intervenido en las cajas de ahorros, en los medios de comunicación, en la educación y la sanidad, en la actividad mercantil de su región y en todo aquello que le convenga para aumentar su poder. Y, por cierto, es fácil también comprobar, que cuando interviene lo hace sin cuidar mucho las formas, ni las personales ni las democráticas.

Que se vanagloriase hace un par de días, a micrófono indebidamente abierto, de haberse quitado de en medio a un hombre de “ese hijoputa”, refiriéndose presuntamente a Gallardón, no es lo más grave de lo que captó ese micrófono.

Las declaraciones de la Presidenta fueron más allá y pusieron al descubierto lo que espera de la nueva composición de Caja Madrid, que no es ni más ni menos que controlar (por el medio que sea) a todos los consejeros y a su presidente, el mismísimo Rodrigo Rato, sobre quién preguntó a su Vicepresidente, Ignacio González, “¿Qué arma tenemos contra él?”. Desde luego, ni al peor de mis enemigos le desearía que lo fuese de Esperanza Aguirre.

El intervencionismo del principal emblema de los liberales españoles y de su gobierno se cuela hasta en asuntos menores como los cursos que se imparten a los docentes de la Comunidad de Madrid. La Consejería de Educación ha convocado un curso dirigido al profesorado de secundaria que entre otros objetivos persigue el de tratar “los mitos de la Guerra Civil” o “considerar la España de la Segunda República y de la Guerra Civil desde nuevas perspectivas historiográficas y didácticas”.

El curso lo convoca un gobierno liberal pero la pluralidad ideológica no se encuentra por ninguna parte. La mayoría de los profesores a quienes se ha encargado impartir el curso analizan nuestra historia desde las posiciones ideológicas más conservadoras y rancias. Entre ellos, cómo no, se encuentra el inefable Pío Moa, famoso por sus libros revisionistas y de tesis fascistas sobre ese periodo histórico. Junto a él, intervienen otros ideólogos de la extrema derecha como el sacerdote Ángel David Martín, autor de libros como “Paz, Piedad, Perdón…y Verdad: La reflexión en la guerra civil: una síntesis definitiva” y “Salvar la memoria: Una reflexión sobre las víctimas de la Guerra Civil”.

Quienes se oponen a que profesores de todas las diversas ideologías que forman parte de los cuadros docentes de cualquiera de nuestros centros de enseñanza impartan una educación para la ciudadanía obligatoriamente basada en los valores constitucionales son los que adoctrinan a los jóvenes proporcionándoles un conocimiento sesgado de su historia reciente.

 

Artículo publicado en elcorreoweb.es