En Chile ha ganado la derecha. No lo hacía de forma democrática desde hacía 52 años. Lógicamente, el cambio de signo político debe leerse principalmente en clave interna del propio país, pero quizá también haciendo una reflexión general sobre el futuro de los gobiernos de izquierda o de centro izquierda que han hecho suyos aunque de manera más o menos dulcificada las reglas de juego neoliberales durante estos últimos años.
La ciudadanía chilena pedía cambio y el centro izquierda de la Concertación no ha sido capaz de dárselo. A pesar de que el 80% de los chilenos aprobaba la gestión de Bachelet, han preferido a un político relativamente nuevo y distinto frente a Frei, el candidato continuista. Piñera es empresario y dueño de su partido, y a pesar de ser un político conservador, se colocó en el No en el plebiscito de 1988 sobre la continuidad del régimen pinochetista, lo que le ha valido para atraer mucho voto del centro. Primera enseñanza: a la derecha le va mejor electoralmente con verdaderos demócratas que con políticos cerriles.
Sabemos, además, que recién ganadas las elecciones la esposa de Piñera felicitó a la ya presidenta saliente e incluso le dijo que como mujer se había sentido orgullosa por su mandato. Algo coherente con la posición de Piñera en campaña y precampaña, cuando ha reconocido los principales logros de la Concertación. Segunda lección: el electorado aplaude la oposición honesta más que la destructiva.
En la campaña de 2005, Bachelet, al ser mujer, divorciada y agnóstica suponía ya un cambio en sí misma sobre lo que habían sido los gobiernos de la concertación desde 1989. Ella hizo célebre la frase de “Nadie se va a repetir el plato”, propuso un gabinete paritario y cambió la cara del gobierno pero al poco de llegar al poder tuvo que echar marcha atrás. Traicionó sus planes iniciales y su slogan por culpa de algunos problemas sociales y sobre todo, por enfrentamientos de los propios miembros de su grupo político. A partir de ahí, la gente percibió que sus promesas de cambio se comenzaban a esfumar. Tercera y cuarta lección: a la gente no le gusta que los políticos se eternicen en el poder y no conviene incumplir promesas electorales.
Finalmente, se podría reflexionar sobre lo que ha hecho la izquierda de Bachelet. Y me permito pensar que no es raro que haya mayoría de derechas si desde los gobiernos de centro izquierda se descuidan los valores progresistas, si se cultiva la desigualdad, si no se hace nada para que los medios promuevan una cultura diferente. Dicho más claramente, si se contribuye constantemente a crear el mismo tipo de ciudadanía individualista, conservadora, banalizada, que crean las políticas neoliberales.
La última lección sería, pues, que si se crea una sociedad conservadora y de derechas nadie puede extrañarse que al final las mayorías electorales se vuelquen a la derecha y, sobre todo, que los avances sociales sean tan tímidos y tan beneficiosos para los más ricos.

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